martes, 1 de septiembre de 2009

Poema1




















LA CHICA DEL AUTOBÚS

Esa limpia y cristalina mañana
viajaba sentado en el autobús
y mientras descansaba de una lectura
mi mente se perdió en los recovecos
del alma y de los recuerdos.

Improviso mi espíritu regresó
con desasosiego para ver a esa mujer.
Esa hermosa mujer que
no podía pasar desapercibida
por su belleza, dirìase divina.

Tenía un perfil envidiable
de hermosos ojos café
bajo las cejas más lindas
que hubiera visto nunca.
Una nariz de diosa griega
de esas criaturas divinas
cuyas imàgenes llegan hasta nosotros
por fantástica narración literaria.

Te miré mujer, hermosa mujer
de divinos ojos café
bellamente adornados
por unas cejas bien delineadas.
Esa región entre ceja y ojo
que acentuada divinamente
por discreto maquillaje
te proclamaba poesía hecha mujer.

Al observarte de perfil
imaginé que contemplaba una diosa
de esas que la literatura antigua
nos traslada desde antaño
hasta el presente.

Respondías furtivamente
a mis miradas, las miradas de
un loco impertinente.
Airosa erguías la cabeza
dejando ver para dicha mía
un bien delineado cuello de cisne
y ese maravilloso perfil,
de estatua bien tallada.

Esa preciosa y afilada nariz
arte delicado de magnífico escultor,
que en posesión demoníaca
había plasmado en bella criatura.
Tu esbelta figura bañada por
un hermoso cabello castaño
que caprichosamente se sacudía
al vaivén del movimiento del autobús,
enmarcaba tu hermoso rostro.

Cuando con desdén ocultabas la cara
tras ese delicado cabello,
fingiendo que no te gustaban mis miradas
que lejos estabas de imaginar
que yo sabía realmente
que era tu invitación a mirarte más..
a contemplarte màs …

Momentos después
buscabas disimuladamente
a aquel loco, que desde el asiento de atrás
te miraba de fijo, robándole imágenes
al presente para plasmarlas en un poema,
en un canto a tu belleza.

Fingías ignorar mis miradas
y eso te hacía más atractiva.
Esa altiva figura tuya que
se me clavó en la retina,
nada tiene que envidiarle a Venus
ni a ninguna diosa griega.

Esa gracia divina que natura te dio
revolotea como pájaro en mi mente;
divina mujer, mi reina de turpial
diosa morena de esta tierra nuestra,
nuestra tierra del quetzal
que nada se le compara o iguala,
hembra morena de esta patria
linda, llamada GUATEMALA.

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